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domingo, 19 de abril de 2015

Horizontes II

Y sin esperarlo, otra vez, me ha vuelto a sorprender eso que no esperaba. De una forma diferente, quiero pensar. Pero, como siempre, con fuerza y de manera indómita, como una tormenta de verano.

He aprendido esta vez cómo va la cosa, lo que es real y lo que no.

Lo que está ahí de verdad, los que están ahí de verdad.

Y, bueno, quizá el famoso horizonte vuelve a cambiar de nuevo, pero, sin duda, sigue siendo el mío. 

Tal vez sea un poco más bonito de lo que era cuando lo miraba sola desde la ventana. Ahora, hay otro par de ojos que me descubren que en aquellas lejanas montañas que se ven al fondo, hay un pantano enorme en el que jamás había reparado. Y también me enseñan a ver todos esos barcos que navegan en el mar esperando a ser devorados por lo que hay más allá de la línea.

Las tardes de domingo han tomado un nuevo matiz dulce que me empaña los ojos. Y todos esos pensamientos en bucle que parecían no tener fin, se resuelven en sonrisa risueña y mirada perdida, como las balas que tuvimos que esquivar.


Y si alguna vez me pierdo, sólo miro al horizonte. Mi horizonte. El nuevo. El de siempre.

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