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martes, 7 de enero de 2014

¿Gloria?

Buscábamos la gloria a cada paso que dábamos. Cabeza alta, sin mirar atrás, evitando el contacto visual con cualquiera que no estuviera dispuesto a dar su vida por defender nuestra causa. No nos importaba el tiempo. Bien podía nevar, llover, granizar o el sol abrasarnos con sus potentes rayos… nada, absolutamente nada nos detenía.

Dejamos atrás tantas cosas que si nos parábamos a pensar en ellas, nos consumía la nostalgia como el fuego consume a su paso bosques y pueblos. Es por eso que nunca, nunca mirábamos atrás. Vivíamos con las consecuencias de nuestros actos como si fueran sólo una piedra más que llevar a la espalda, como si fueran un peso sin vida, sin alma, sin nada más que ofrecer. La culpa nos carcomía en ocasiones, pero todos los actos que nuestro corazón impulsaba eran siempre por una causa mayor, por un bien superior que merecía el dolor que conllevaba el proceso. Un dolor tórrido y frustrante que llamaba habitualmente a nuestras puertas para cobijarse del frío. Y como bravos guerreros que éramos, lo dejábamos entrar, cual damisela en apuros suplicando por ayuda.

La vida no tenía más sentido que la batalla, la luz no era más que la victoria, el amanecer no era otra cosa que el llanto del cielo por despertar otro día y tener que contemplar las atrocidades de este mundo de humanos codiciosos y corruptos.

La sangre era la recompensa por la lucha, una victoria color escarlata que tenía un gusto salado. Jamás nos cuestionábamos si lo que hacíamos estaba bien o mal, jamás permitíamos que las dudas penetraran en nuestras mentes, porque el poder de la duda es mayor que cualquier otro, y no teníamos fuerzas ni tiempo suficiente como para lidiar con ellas. En cambio, acatábamos las órdenes sin rechistar, sin cuestionar, sin objetar, sin pensar. Nuestras vidas estaban al servicio de alguien más importante que todos nosotros juntos, soldados guerreros sin derecho a opinar ni a hablar al menos que ese privilegio nos fuera consecuentemente concedido.


En eso se basaba nuestra mísera existencia, en vivir sin derecho a soñar.

¿Y qué es la vida sin sueños? Muerte, diría yo. 

La paz no se consigue si hay muerte en el camino.


soldier