Páginas

jueves, 26 de septiembre de 2013

Gracias

El descenso fue dulce, y me sedujo hasta el más profundo dolor.

No tenía nada que perder, aunque fue mucho lo que perdí.

El mundo me miraba de reojo a cada paso que daba, dejándome claro que la dirección que tomaba no era la correcta, provocando que todas y cada una de mis decisiones fueran cuestionadas por mi subconsciente, por mi mente traicionera.

Los sueños se nublaron hasta convertirse en falsas realidades de las que comencé a alimentarme como único sustento para fortalecerme ligeramente. Lo justo para poder sobrevivir un día más, un segundo más.

Las sendas que el destino había preparado para que me alejara de todo lo que un día me hizo bien, se tornaban cada vez más tortuosas y llenas de obstáculos insalvables que no hacían más que quitarme las ganas de vivir, o de morir, o de respirar. Hasta mi corazón estaba cansado de latir...

Y justo cuando estaba a punto de tomar la decisión de rendirme de una vez por todas, algo en el ambiente cambió y me hizo volver a la vida.

Inhalé, y un olor a lluvia inundó mis fosas nasales. Un olor que se mezclaba con un dulce regusto, como de caramelo de manzana y tabaco.

Eras tú, claro.

Y es por eso que hoy te escribo esto a ti. Para darte las gracias por salvarme la vida.


1 comentario:

Anónimo dijo...

eres todo arte en palabras...