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miércoles, 8 de mayo de 2013

Como Romeo y Julieta

Te veo. Te quiero. Te adoro. Te idolatro. Te amo con todo mi ser.


Tan sólo necesito una palabra. Una sílaba. Tres letras. Dime “ven”, y mi alma sin reservas te entregaré.

Para mí, tú eres el sol, la luna, el amanecer, el crepúsculo, mi buena estrella, mi mar y mi cielo, mi camino… perfecta, toda en ti. Si cierro los ojos, tu belleza no mengua, pues es tal la luz que irradias que se proyecta sobre mis párpados tu esbelta silueta.

Ojalá pudiera gritarle al mundo que te amo. Ojalá pudieras oírme. Con que tú me escucharas, tan sólo tú, me bastaría. Sería feliz.

Pero estás más allá de mi alcance. Tú eres mi ama, mi señora. Y yo soy un simple criado que te observa mientras cuida en un establo a los caballos sobre los que tu galopas, melena al viento. No me está permitido hablarte. Sin embargo, eres tú la que viene ahora hacia mí.

¿Desde cuándo me conoces? ¿Desde cuándo sabes que existo?

Tus ojos me regalan un “desde siempre” que hace que mi corazón salte y que mi alma se desborde de este amor hasta hoy idílico.

Te miro a los ojos y descubro en ellos ese sentimiento. Amor reprimido. Amor confuso. Amor traicionero. Amor delirante. Amor prohibido. Amor mortal.

Murámonos. Vamos a morirnos juntos. Seamos libres. Convirtámonos en palomas blancas y volemos a un lugar atemporal, a un lugar donde habite el olvido, donde nuestros labios no tengan que esconderse. Donde nuestro abrazo de luna llena no deba ser un secreto.

Ahora te vas. Y tengo miedo. Los fantasmas existen, lo sé, los veo. Son la luz extinta de tus ojos, son la sonrisa borrada de tus labios, son los brillos apagados de tu cabello, son las curvas deformadas de tu cuerpo.

Los fantasmas son el miedo a la pérdida.

¿Por qué? ¿Por qué ahora que te he entregado mi amor, que me has entregado tu amor, que nos hemos amado, te vas?

Vuelve, te lo suplico, te lo ruego. No hay nada imposible, los dos somos uno ahora. Nos necesitamos.

Ven. Recuerda lo que escribió Shakespeare de sus amantes.

Seamos como ellos.

La muerte nos hará libres.

Seamos como Romeo y Julieta.






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