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jueves, 26 de septiembre de 2013

Gracias

El descenso fue dulce, y me sedujo hasta el más profundo dolor.

No tenía nada que perder, aunque fue mucho lo que perdí.

El mundo me miraba de reojo a cada paso que daba, dejándome claro que la dirección que tomaba no era la correcta, provocando que todas y cada una de mis decisiones fueran cuestionadas por mi subconsciente, por mi mente traicionera.

Los sueños se nublaron hasta convertirse en falsas realidades de las que comencé a alimentarme como único sustento para fortalecerme ligeramente. Lo justo para poder sobrevivir un día más, un segundo más.

Las sendas que el destino había preparado para que me alejara de todo lo que un día me hizo bien, se tornaban cada vez más tortuosas y llenas de obstáculos insalvables que no hacían más que quitarme las ganas de vivir, o de morir, o de respirar. Hasta mi corazón estaba cansado de latir...

Y justo cuando estaba a punto de tomar la decisión de rendirme de una vez por todas, algo en el ambiente cambió y me hizo volver a la vida.

Inhalé, y un olor a lluvia inundó mis fosas nasales. Un olor que se mezclaba con un dulce regusto, como de caramelo de manzana y tabaco.

Eras tú, claro.

Y es por eso que hoy te escribo esto a ti. Para darte las gracias por salvarme la vida.


jueves, 12 de septiembre de 2013

Volar, y caer

A altas horas de la noche es necesario elevarse para estar a la altura... pero el mundo se te queda grande y sucumbes a la tentación del delirio.

Volar, y caer. 

Me dices que volverá, que volverá aquel tiempo que escapa del pasado y que llegará a ser real de nuevo. Que crecerá entre los campos de blancas margaritas la gota del elixir de la esperanza que tanta falta le hace al mundo en estos días de guerra sin sangre... o de sangre sin guerra, no lo tengo muy claro.

Pero me cuesta tanto creerte, amigo mío... me cuesta tanto volver a creer en la esperanza a las altas horas de esta noche sin luna en la que el delirio se ha apoderado de mí, que no sé cómo reaccionar a tus provocaciones.

Que a este paso el mundo nos devorará antes de que nos de tiempo a comérnoslo. 

Y sucumbiremos al delirio no sólo de noche, sino también a plena luz del sol, en nuestro camino a comprar el pan. El delirio nos asaltará y nos quitará todo lo que tenemos, obligándonos a caer en una espiral áurea tan infinita como el universo y las estrellas.

No podemos permitirlo, es imposible.

Im po si ble.

Una gran palabra. Inabarcable. Inconcebible. Insuperable. Imposible, a fin de cuentas.

Tan imposible como elevarse lo suficiente como para estar a la altura en la noche sin luna, a estas altas horas en las que sucumbimos al delirio y a la niebla de la mente.




lunes, 2 de septiembre de 2013

¿Quizás?

Da miedo lo desconocido de una manera preocupante. 

Es como saltar al abismo de la realidad en un instante, dejando en tierra todo lo que un día fue conocido y amado, todo lo que un día te acogió. 

Un mundo nuevo te abre ahora los brazos, pero la caída sigue siendo la misma. ¿Agua o rocas te reciben al final del acantilado?

No te queda otra opción más que saltar, así que... saltas.

Y empiezas a caer, y caer, y caer... y no ves el final, porque no sabes lo que te espera. El mundo, quizás. La vida, tal vez. La sensación de soñar con lo que siempre has anhelado, quizás. El dulce sabor en el paladar de saber alcanzada una meta, tal vez.

Da igual, asusta como la mierda de todas formas. Pero joder, no te queda otra, así que lo afrontas. Y esperas conocer gente que te comprenda y que comparta tus ideas y tus pasiones, pero sobre todo, esperas conocer a alguien que comparta tus miedos. 

¿Sientes la espada pendiendo de un hilo sobre tus sueños? Es angustioso, pero lo mejor es saltar de una vez por todas...

Salta, y descubrirás lo que te espera... ¿el mundo, quizás?





miércoles, 21 de agosto de 2013

Uno

Uno.
Un suspiro.
Un suspiro lento.
Un suspiro lento y decadente.
Fue sólo un suspiro.
Suficiente, necesario, arrítmico.
Me mató al darme la vida, porque me dio tu vida. Y nuestro mundo murió en un instante.
Pero la oscuridad no llegaba y el tiempo estaba congelado.
No me iba a ningún lado, pero tus ojos se cerraban cada vez más.
¿Dónde vas? Te dije.
Sonreíste. Y empezó a llover.
La lluvia.
La lluvia lenta.
La lluvia lenta y decadente.
La lluvia que te moja en un suspiro.
Uno.
El suspiro con el que me dejaste para siempre.

lunes, 10 de junio de 2013

La historia interminable

No tenía aún mis ideas demasiado claras cuando me subí a aquel pequeño barco de vapor. Mis padres me arrastraban hacia la rampa que conectaba el puerto con la cubierta, y yo me resistía ligeramente, pero al final lograron convencerme. El barco zarpó y yo era reacia a soltar sus manos. Personajes de lo más extraño me rodeaban: un mono imitamonos, un lápiz de una tal Rosalía, una chica llamada Quisicosas, un niño con un papá mago, una extraña que decía ser superfamosa

Poco a poco fui cogiendo confianza con ellos. Todos tenían unas historias extrañísimas que contar, y yo escuchaba con gusto. Muchos se convirtieron en mis amigos, e incluso a día de hoy conservo algunas de esas amistades.

Pasado el tiempo, el barquito llegó a una ciudad de lo más pintoresca. Nada más atracar, un chico llamado Nino Puzzle y su amiga Mila se me acercaron y me pidieron por favor que les ayudara a resolver el misterio que Kika, una chica un poco extravagante que decía que había perdido a su ratoncito de peluche, vital para ser la superbruja que afirmaba ser. Con ayuda del Capitán Calzoncillos y alguna que otra bruja más logramos encontrar al pequeño ratoncillo, que se escondía detrás de un melocotón gigante.

Un día, mientras paseaba tranquilamente, encontré en un banco un libro que captó mi atención. En la portada había un dibujo que representaba a dos serpientes enroscadas. Y fue en el momento en el que lo abrí cuando dio inicio esta historia interminable. De repente apareció surcando el cielo un enorme dragón blanco llamado Fujur que portaba a lomos a un chico que se hacía llamar Atreyu.

– Acompáñame – me dijo – . Necesito tu ayuda.

Yo monté sin dudarlo un instante, y emprendimos un vuelo hacia quién sabe dónde.

Y volando y volando llegamos a la tierra de los tres soles y las tres lunas, a la tierra de las serpientes voladoras, de los Nigromantes, de los dragones y de los unicornios. Llegamos a la tierra de los idhunitas. Pero nada más aterrizar, un ejército de vampiros brillantes nos atacó. Fue entonces cuando vi el crepúsculo de mi infancia y el amanecer de mi adolescencia. Durante esta batalla conocí a un chico con un corazón mecánico, le puse dos velas al diablo, me hice amiga de Marina, maté una y otra vez a los amantes de Shakespeare, y encontré un armario de madera de Baobab que contenía secretos inimaginables, como una varita de sauco y una capa de invisibilidad.

Después vino una luz blanca como la nieve, y un nuevo amanecer, rojo como la sangre.

Ocho veces jugué y perdí al ajedrez, ayudé en la construcción de una impresionante catedral cerca del mar de Barcelona, entre una espesa niebla hablé con un tal Unamuno que pretendía matarme, me compré un pijama de rayas, tuve que limpiar mi oxidada armadura y descifrar un par de códigos de tipos como Da Vinci. Subí a tres metros sobre el cielo con la ayuda de alguna que otra canción dedicada a Paula, hablé con cierta historiadora que me descubrió el nombre del viento, escuché un par de historias de cuervos y gatos negros, jugué a pasar hambre y casi me matan junto a diez negritos


Es, como ya he dicho, una historia inteminable. 

Por suerte, aún sigo en contacto con Fujur y Atreyu.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Como Romeo y Julieta

Te veo. Te quiero. Te adoro. Te idolatro. Te amo con todo mi ser.


Tan sólo necesito una palabra. Una sílaba. Tres letras. Dime “ven”, y mi alma sin reservas te entregaré.

Para mí, tú eres el sol, la luna, el amanecer, el crepúsculo, mi buena estrella, mi mar y mi cielo, mi camino… perfecta, toda en ti. Si cierro los ojos, tu belleza no mengua, pues es tal la luz que irradias que se proyecta sobre mis párpados tu esbelta silueta.

Ojalá pudiera gritarle al mundo que te amo. Ojalá pudieras oírme. Con que tú me escucharas, tan sólo tú, me bastaría. Sería feliz.

Pero estás más allá de mi alcance. Tú eres mi ama, mi señora. Y yo soy un simple criado que te observa mientras cuida en un establo a los caballos sobre los que tu galopas, melena al viento. No me está permitido hablarte. Sin embargo, eres tú la que viene ahora hacia mí.

¿Desde cuándo me conoces? ¿Desde cuándo sabes que existo?

Tus ojos me regalan un “desde siempre” que hace que mi corazón salte y que mi alma se desborde de este amor hasta hoy idílico.

Te miro a los ojos y descubro en ellos ese sentimiento. Amor reprimido. Amor confuso. Amor traicionero. Amor delirante. Amor prohibido. Amor mortal.

Murámonos. Vamos a morirnos juntos. Seamos libres. Convirtámonos en palomas blancas y volemos a un lugar atemporal, a un lugar donde habite el olvido, donde nuestros labios no tengan que esconderse. Donde nuestro abrazo de luna llena no deba ser un secreto.

Ahora te vas. Y tengo miedo. Los fantasmas existen, lo sé, los veo. Son la luz extinta de tus ojos, son la sonrisa borrada de tus labios, son los brillos apagados de tu cabello, son las curvas deformadas de tu cuerpo.

Los fantasmas son el miedo a la pérdida.

¿Por qué? ¿Por qué ahora que te he entregado mi amor, que me has entregado tu amor, que nos hemos amado, te vas?

Vuelve, te lo suplico, te lo ruego. No hay nada imposible, los dos somos uno ahora. Nos necesitamos.

Ven. Recuerda lo que escribió Shakespeare de sus amantes.

Seamos como ellos.

La muerte nos hará libres.

Seamos como Romeo y Julieta.






jueves, 25 de abril de 2013

Despertar


Era esa suave brisa matinal la que me despertaba cada mañana.

Suave, muy suave... y dulce. Si pudiera paladearla, tendría ese sabor como a manzana caramelizada con un ligero toque de acidez.

Las sábanas, bien colocadas la noche anterior, ahora caían a ambos lados de la cama, dejando mi cuerpo desnudo al descubierto.

La luz de los primeros rayos del sol que despuntaban el alba se filtraba a través del gran ventanal de mi habitación. Al otro lado del cristal, una pequeña cala paradisíaca sólo para mí.

Subí los brazos por encima de la cabeza y me estiré hasta que solté un ronroneo de placer.

Después, me incorporé demasiado rápido, y el mundo me dio un par de vueltas antes de volver a colocarse en su sitio.

Cuando todo volvió a la normalidad, me levanté.

Mis pies descalzos se estremecieron ante el primer contacto con el frío suelo de madera barnizada, así que me dirigí hacia la ventana. El suelo estaba más caliente allí, y una sensación de cálida felicidad me inundó de pies a cabeza.

Tan sólo se oía el romper de las olas del mar contra la orilla, y el rumor de la ligera espuma subiendo y bajando al ritmo del mar.

Asomé mi cuerpo desnudo a través de la ventana, y la anaranjada calidez del sol se fundió con la brisa púrpura del mar. Cerré los ojos y respiré el aroma a libertad que reinaba en el ambiente, tan cálido, tan... especial.

Cuando entré de nuevo en la habitación, busqué mi bata de seda y me la puse, cubriendo así una parte de mi cuerpo.

Descalza, puse rumbo hacia la cocina. En el largo pasillo resonaba el eco de mis pasos, pum, pum, pum...

Una vez en la cocina, quedé deslumbrada por la lucidez que emitían las blanquísimas paredes al reflejar la claridad del nuevo día.

Saqué el café molido del armario sobre la encimera y lo abrí. Preparé una cafetera con un poco de agua y la puse al fuego. Mientras tanto, saqué la tostadora, la enchufé y metí un par de rebanadas de pan que habían sobrado de la cena del día anterior.

Cuando me dispuse a verter el aceite sobre las tostadas, inhalé el amargo aroma del café y quedé embriagada por éste. Inspiré con fuerza y las partículas de café que flotaban en el aire se introdujeron dentro de mí, embotándome los sentidos y paralizando mi cerebro. Cerré los ojos mientras respiraba y dejé que mi piel se bañara en el bálsamo de sol que entraba por la ventana de la cocina.

Luego, el crujir de las tostadas, el olor del aceite, el sonido del mar, la amargura del café, la sensación de un escalofrío por la espalda, y un largo, sonoro y placentero bostezo...

                       

Chicos de barrio


Amanece. Un año más, un día menos. Puede ser el último.

Cae la moneda. Gira tentando al azar y no sale cara. Nunca sale cara.

¿Mi edad? Ni yo lo sé. Es un dato irrelevante cuando estás al otro lado del dedo que acusa. Y si ese dedo aprieta el gatillo, estás jodido.

No voy al instituto, pues los libros no alimentan a una familia. Subo al coche y vuelo… el mundo te quiere rápido para que llegues a tiempo.

Me espera el hombre al que nunca has de esperar. ¿Lo tienes? Asiento y abro el maletero. Mi mercancía destrozará vidas, pero en las calles debes seguir la doctrina CTC. Cuida tu culo. Si no, estás muerto. Me enseñan el dinero y sellamos el pacto. Siento de repente un puñetazo en el estómago, y al instante siguiente estoy en el suelo. Mi mundo da vueltas. Oigo cómo sacan la droga y la cargan en su furgoneta. Pero soy rápido al sacar mi revólver del treinta y dos. Bum. Huyen todos, menos el muerto. Cojo el maletín que contiene la esperanza de vida para mi hermanita pequeña durante al menos un mes. No me molesto en esconder el cadáver. No saldrá en los periódicos. Somos, al fin y al cabo, chicos de barrio.


domingo, 21 de abril de 2013

Al otro lado


Levanto lentamente mis párpados, pero pesan. Llevo aquí tambado demasiado tiempo.
Aun resuena en mi cabeza el sonido de la bala que me acertó en el costado.
Intento levantar mi mano, pero también pesa. Cuando al fin lo consigo, la llevo hacia la herida, y noto la sangre caliente manchando mi mano.
Entonces me doy cuenta de que me queda poco tiempo, por lo que me dedico a recordar para así olvidar el dolor que me invade.
Cierro de nuevo los ojos y me pierdo en los enrevesados rincones de mi mente…
Llegan a mí imágenes de mi hermana pequeña. Suspiro. Son tantas las veces que he discutido con ella… sólo ahora de doy cuenta de cuánto la quiero. La veo en sus clases de ballet, con esa graciosa sonrisa dibujada en su cara. De fondo se oye el suave sonido de un piano. El recuerdo de la melodía me hunde en una profunda melancolía. Si al menos hubiera podido decirle adiós…
Todo cambia, y aparecen en mi mente los recuerdos de mis padres. Ambos me miran y me sonríen. Son imágenes muy borrosas, pues murieron cuando yo era muy pequeño, nada más nacer mi hermanita. Aun así les recuerdo como uno de los mayores tesoros de mi vida.
Llega una nueva tanda de imágenes en las que yo soy ahora el protagonista. Pero tampoco son recientes. Se remontan a la etapa en la que estuve recibiendo clases de piano. Cuando veo la cara del viejo profesor con una mueca de desaprobación se me escapa una sonrisa. Rossini, si no recuerdo mal, se llamaba.
El dolor me saca de mi ensoñación. Me duele muchísimo. Pido por que todo esto acabe pronto mientras intento taponar la herida con mis últimas fuerzas, aunque todo es ya inútil. Entonces exhalo mi último aliento.
De repente el dolor cesa y se hace un silencio espectral. Una sensación asombrosa y extraña me recorre de arriba abajo.
Y entonces todo es distinto.
Ya no estoy dentro de mi cuerpo, si no que estoy flotando sobre él, lo veo desde otra perspectiva. Pero ya no respira. Es entonces cuando me doy cuenta de todo.
Me he muerto.
Intento llorar, pero no tengo ojos ni lágrimas. De hecho no tengo cuerpo. Soy literalmente invisible.
Pero tiene sus ventajas. Mi visión no está reducida a los ojos humanos. Ahora es mucho más amplia. Puedo verlo todo. Incluso la esencia de los seres vivos que me rodean. Me siento como si hubiera estado siempre ciego, es increíble que nunca hubiera reparado en la sencilla belleza de una flor, o en la gracia de los movimientos de un pajarillo.
Debería sentirme triste. Me acabo de morir. Pero es que estas nuevas sensaciones tampoco están tan mal. Me gustan.
Me dejo llevar por el sonido del viento. A lo lejos veo una corriente de colores. Me acerco poco a poco y, a medida que lo hago, puedo distinguir una corriente de almas, como yo.
Las hay de todos los tipos: grandes, cálidas, pequeñas, tímidas, pícaras, traviesas,… y por supuesto, de todos los colores, aunque sin duda alguna las más limpias y puras son las blancas.
Trato de averiguar mi aspecto, pero simplemente, no me encuentro.
Me acerco despacio a ellas y trato de contactar con alguna, pero parecen totalmente hipnotizadas por algo.
No tengo a dónde ir, así que me dejo llevar de nuevo y me arrastro junto a ellas.
Es entonces cuando la veo.
La Luz. Una Luz deslumbrante y hermosa.
Si las almas blancas me habían sorprendido nada tenía que ver con esto. Esta Luz si que era pura y limpia. Cuando me doy cuenta de lo que ocurre me invade la nostalgia. Este ya es el final. No quiero despedirme ya de este mundo. Es demasiado lo que dejo atrás.
Pero al darme la vuelta y mirar de nuevo al la Luz lo comprendo todo y la tristeza desaparece. Este es el destino de todo el mundo, y algún día me encontraré allí también con mi hermanita y con mis padres. Esto me anima un poco.
Veo a lo lejos mi cuerpo. Aun brota sangre de su costado, pero en mi cara hay una expresión de serenidad.
Según me acerco a la Luz, ésta me deslumbra más y más. Ya no siento la presencia del resto de las almas que me acompañan.
Entonces el tiempo se detiene.
Miro atrás y veo por última vez el mundo al que tanto debo, el mundo que me ha acogido durante estos veintidós últimos años.
Vuelvo a girarme y la contemplo de nuevo.
Me doy un último impulso y entro por ella.
Todo el sufrimiento, el dolor, la tristeza y la nostalgia desaparecen sin más. Ya estoy aquí, he cruzado al Otro Lado.
Sé que esto ha sido una dolorosa despedida, pero sólo ha sido el final del principio.
Aun me queda una gran aventura por delante.



martes, 9 de abril de 2013

Lo que no tiene nombre, ni sentido

No se puede describir con palabras el eterno sentimiento sin nombre, sin sentido. “Llama mortal”, dijo el poeta. “Recuerdo de luz”, dijo el poeta. “Voz misteriosa”, dijo el poeta.

Pero, ¿qué es el poeta, sino un hombre que malgasta su vida en intentar atrapar lo incorpóreo, en intentar comprender lo que sólo el corazón alcanza a vislumbrar? Valiente e intrépido ladrón que roba las palabras al corazón mismo sin lograr en absoluto acercarse a la más débil verdad del eterno sentimiento sin nombre, sin sentido.

Reside en el lugar del que proviene la risa. Provoca dolor justo entre el pulmón y el corazón. Se respira por la piel, se saborea con los ojos, se siente con los labios, se conquista con la voz. Te atrapa y te envuelve con sus dulces palabras, y te vuelve loco hasta el punto de cometer locuras. Llega como una ola, intenso, cálido, inmenso, imparable,… e inevitable. No lo controlas, te controla. Es un oscuro manto teñido de estrellas blancas, pequeñas y luminosas que parpadean sin descanso, como el palpitante latido de un corazón sano.

Pero no te creas nada de lo que acabas de leer, pues es éste el eterno sentimiento sin nombre, sin sentido.

Y lo que no tiene nombre, no se puede describir con palabras.

Y aunque no tiene sentido, es sentido.

Y hay que sentirlo.


sábado, 23 de marzo de 2013

HALL OF FAME

Yeah, you could be the greatest,
You can be the best,
You can be the king kong banging on your chest.

You could beat the world,
You could beat the war,
You could talk to God, go banging on his door.

You can throw your hands up,
You can be the clock,
You can move a mountain, 
You can break rocks.

You can be a master,
Don't wait for luck,
Dedicate yourself and you can find yourself...

Standing in the hall of fame,
And the world's gonna know your name,
Cause you burn with the brightest flame,
And the world's gonna know your name,
And you'll be on the walls of the hall of fame.

You could go the distance,
You could run the mile,
You could walk straight through hell with a smile.

You could be the hero,
You could get the gold,
Breaking all the records that thought never could be broke.

Do it for your people,
Do it for your pride,
Never gonna know if you never even try.


Do it for your counrty,
Do it for you name,
Cause there's gonna be a day...

When you're standing in the hall of fame,
And the world's gonna know your name,
Cause you burn with the brightest flame,
And the world's gonna know your name,
And you'll be on the walls of the hall of fame.


Be a champion, be a champion, be a champion, be a champion...

On the walls of the hall of fame!

Be students, be teachers, be politicians, be teachers.
Be believers, be leaders, be astronauts, be champions, be true seekers.



Standing in the hall of fame,
And the world's gonna know your name,
Cause you burn with the brightest flame,
And the world's gonna know your name,
And you'll be on the walls of the hall of fame.


Cuando todo termina…

Cuando todo termina, queda el recuerdo. Un recuerdo vivo de mil horas compartidas, de risas y de llantos, de mañanas de playa y de tardes de piscina, de soles espléndidos, de fotos inolvidables, de noches de fiesta, de tonterías, de conversaciones absurdas, y no tan absurdas, de sonrisas y de lágrimas, de gladiadores, de colchones, películas y niños azules, de noches de estrellas con mis compitruenos, de canciones…
Verano, quiero darte las gracias por hacer que este año haya sido tan aluflipante, gracias por los nuevos amigos, por las viejas amistades que refuerzan sus lazos y por los momentos que quedan grabados a fuego en nuestra memoria…
Sabemos que volverás el año que viene para hacernos disfrutar lo mismo o más, pero aún nos queda por delante el frío de un invierno que llegará con fuerza, así que mantendremos el calor con algo que jamás se nos olvidará: el recuerdo de nuestro mejor verano.