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miércoles, 5 de octubre de 2011

Espinas

La vida no es un camino de rosas.
Bueno, tal vez sí.
De rosas con espinas. Con puntiagudas y afiladas espinas que se esconden tras una aparente belleza de un color rojo intenso.
Nos trata mal, nos tira al suelo y no hace amago de ayudarnos para ponernos de nuevo en pie. Parece que lo único que quiere es eso, tirarnos, derribarnos una y otra vez, hacernos perder la esperanza de que llegaremos sanos y salvos a nuestro destino.
“¿Y cuál es ese destino?”, te preguntarás.
La respuesta es fácil: “Ni puñetera idea.”
“Entonces, ¿cómo sabremos que hemos llegado?”, insistirás.
La respuesta es obvia de nuevo: “No lo sabremos.”
¿Deprimente? ¡Por supuesto!
Porque, vamos a ver, analicémoslo con sangre fría: todo lo que hay que sufrir...¿para qué?
Oh, hay teorías sobre eso, claro, sobre ese famoso “¿para qué?”. Algunos creen en un Ser Superior que nos protege desde algún lugar, están los que sostienen la teoría de la misteriosa reencarnación, otros dicen que nos espera una realidad adimensional...
Pero al fin y al cabo, no podemos saltarnos vivir, y no tenemos total certeza de que lo que nos espera no sea simplemente “nada.”
Sí, como decía, absolutamente deprimente.
Pero entonces, tras desvariar un rato sobre todo lo malo que tenemos que sufrir, escucho en la radio una canción que me encanta, y se me escapa una sonrisa.
Cojo un libro y me absorbe tanto que se me escapa una sonrisa.
Sueño que estoy volando por encima de las nubes, y, en sueños, se me escapa una sonrisa.
Siento la brisa fresca y se me escapa una sonrisa.
Y entonces pienso: “Tal vez la vida nos entrega más de lo que queremos ver, sólo que está tan escondido como las espinas del rosal”

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