Páginas

domingo, 4 de septiembre de 2011

Nada

Hay veces que no sientes nada.
Tu corazón, tu alma, desaparecen sin más. No encuentras esa chispa que da color a la vida. Todo es grisáceo.
No es una sensación agradable. Más bien es como...pasar de todo. Tú vas completamente a tu aire.
Te entran ganas de llorar por todo, aunque en realidad no exista una razón para ello. Aunque, ¿se necesita una razón para llorar? No, simplemente sientes como se te nubla la vista momentáneamente, y tus ojos se humedecen de un modo peligroso e incluso alarmante. Luego un escalofrío inquietante como el producido por esa sensación de haberte comido un caramelo muy ácido te recorre de arriba abajo, y sientes en la nariz un cosquilleo, como si quisieras estornudar pero no pudieras.
Pero luego, demasiado pronto, se pasa.
Bostezas y te secas los humedecidos ojos, justo antes de que se desborden y provoquen algo indeseado.
Entonces suspiras hondo y profundo, cierras lo ojos, y tras contar diez largos segundos, vuelves a abrirlos.
Y te quedas mirando a la nada, con un gesto totalmente inexpresivo, olvidándote de todo. Sólo estás allí, haciendo que piensas o que estás recordando, pero la realidad es que tu mente está totalmente en blanco, como si no hubiera nada que olvidar o que recordar.
Al cabo de un rato, vuelves de nuevo al mundo y sacudes ligeramente la cabeza para hacer llegar los recuerdos y pensamientos de nuevo al interior de tu mente.
Y es entonces cuando te preguntas: “¿Qué ha pasado?”
Pero no existe respuesta a tan atrevida pregunta. No es que no puedas encontrarla o que no la sepas, sino que simplemente no existe. Ese par de minutos en los que has estado fuera de tu cuerpo son para ti como una laguna en tus recuerdos. No puedes recordar lo que pensabas antes de encerrarte en tu mente y dejarla totalmente en blanco. No que no lo puedas recordar. Simplemente no existe.
Luego, vuelves a sentir.

No hay comentarios: