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viernes, 2 de septiembre de 2011

Muy, muy, muy cabreada

Pufff... otra vez esa sensación...
Ganas de gritar, de pegar a alguien, de arrasar con todo lo que encuentras a tu paso, de pegar un mordisco a algo, y sí, ganas de llorar, claro.
Todo ello sin razón alguna. Simplemente, y cito a Audrey Hepburn en " Desayuno con diamantes", tienes un día rojo.
Bueno, tal vez no es todo un día. Quizá sean tan solo unas horas, unos minutos o incluso unos segundos.
No sé, pero os aseguro que esas ganas de gritar y de pegarle un par de buenas patadas al mundo están ahí, aunque he de decir que, a veces, desaparecen tan rápido como llegaron.
Malditas hormonas.

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