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jueves, 29 de septiembre de 2011

Amnesia

Encerré mis recuerdos en el tercer cajón de mi armario para que no escaparan.
La oscuridad más absoluta se cernió sobre mí en el momento en el que cerré con llave y me la guardé en uno de los rincones de mi corazón.
Ahora voy a la deriva sin saber quién soy.
Sólo hay en el mundo una persona capaz de abrir de nuevo mi mente a mis recuerdos, una persona capaz de encontrar la llave escondida en mi corazón, y abrir con ella ese cajón. Pero primero he de encontrar a esa persona.
Hasta entonces, iré a la deriva, flotando entre el todo y la nada, sin saber quien soy.
¿Por qué lo hice? ¿Por qué encerré toda mi vida en un cajón? La respuesta a esa pregunta está dentro de ese cajón, pero espero averiguarlo algún día.
Hasta entonces, iré a la deriva, sin saber quien soy.
Y siento que el lugar de mi corazón que es ahora ocupado por la llave, volverá algún día a estar lleno de pompas de jabón, de gafas de sol, de sueños por cumplir, de fantasías, de palabras y de sonrisas.
Hasta entonces, iré a la deriva, entre espesas aguas hechas de mentiras, sin saber quien soy.
Pues… ¿Acaso no todas las vidas son mentira? ¿Acaso no nos engañamos a nosotros mismos fingiendo ser lo que no somos? Cuando alguien encuentre la llave de mi corazón, mi vida dejará de ser una mentira.
Hasta entonces, iré a la deriva, sin saber quien soy.
Porque he de recordar. Recordar es para aquellos que han olvidado. Y yo lo he olvidado todo, y algún día he de recordar, he de recordar por qué he olvidado.
Hasta entonces, iré a la deriva, sin saber quien soy…


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