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jueves, 7 de julio de 2011

Volver a nacer

Un día te despiertas, y no sabes quién eres.
La verdad, es que tampoco te importa. Tu mente tan solo presta atención a una pregunta: ¿Qué voy a hacer con mi vida?
La respuesta no está a tu alcance a estas horas de la mañana, al comienzo del día.
Después de dar unas cuantas vueltas en la cama, al fin tomas la iniciativa y te pones en pie.
Pero las horas van pasando lentas y plomizas, y cada segundo en el reloj es como un pinchazo. Es leve e indoloro al principio, pero poco a poco se va haciendo molesto, mientras te recuerda a cada segundo que te queda un segundo menos.
La rabia y la impotencia te consumen por dentro, pero sabes que no debes pagarlo con los demás, porque ellos no tienen la culpa de que el tiempo pase tan rápido. Tú sonríes, como un héroe, mientras tu corazón llora.
La gota que colma el vaso cae cuando alguien que cree tener poder sobre ti, sobre tu espíritu libre, te dice cómo debes ser.
Entonces estallas y gritas: “¡Yo soy así!”. Y entonces, tu verdadero yo sale a la luz, ese yo interior que cada día tratas de reprimir por unas razones u otras. Y te dan ganas de gritarle al mundo: “¡He vuelto a nacer! ¡Ahora yo, soy yo, y no lo que vosotros queréis que sea!”
Esa noche te acuestas satisfecho, por haber podido encontrarte a ti mismo. Pero, cuando despiertas a la mañana siguiente, lo has olvidado, y no recuerdas nada de ti.
Y todo vuelve a comenzar.

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