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lunes, 11 de julio de 2011

Invictus

Desde la noche que me envuelve,
negra como un pozo insondable,
agradezco al dios que fuere
por mi alma inconquistable.

En las garras de las circunstancias
no he gemido ni llorado.
Ante las puñaladas del azar,
si bien he sangrado, jamás me he postrado.

Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror.
No obstante, la amenaza de los años
me halla y me hallará sin temor.

No importa cuán estrecho sea el camino,
ni cuantos castigos lleve a la espalda.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.


William Ernest Henley

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